miércoles, 27 de agosto de 2014

Recordando a TINA

Creo que en todas las casas existe ese cajón, caja o armario de "lopongotodoycuandotengatiempooganasloordenaré", pues en la nuestra también y superando la pereza inicial, me decidí a poner orden entre facturas y papeles y cuál no fue mi sorpresa que me encontré con el contrato de acogida de nuestra querida TINA. El pasado 25 de Agosto hizo un año que la acogimos en nuestra casa.

Un año...que entré en uno de los boxes de El Jardinet dels Gats y se encontraban allí dos gatitas muy buenas, una de ellas nuestra preciosidad. Era tan buena que una de mis compañeras voluntarias la tenía fuera de la jaulita  y la estaba acariciando, me enamoré de ella solo verla....tan pequeña de tamaño, tan delgadita, con aquellos ojazos de buenaza que te parecía imposible que alguien hubiera tenido corazón de abandonarla.

Vino hacia mí y pocos minutos después ya estábamos de camino a nuestra casa, su casa, dónde encontró un lugar entre el resto de felinos y en nuestros corazones.

Los que seguís este pequeño blog ya conocéis todos la historia, así que no la voy a repetir. Hace seis meses que nos dejó y todavía la extrañamos. Durante días, ninguno de nuestros compañeros felinos se acostó en la camita en la que ella se fue. Todos hicimos nuestro particular duelo.




Sin duda, ser casa de acogida es una de las mejores experiencias por las que puede pasar un amante de los animales. Dar la oportunidad de salir de la calle o de las jaulas a unos animales que por motivos diversos se han encontrado abandonados, algunos, como en el caso de Tina, a una edad avanzada y enfermos.

No siempre es fácil, el miedo y la desconfianza les puede en muchas ocasiones y el período de adaptación dependerá de cada animal, pero cuando consiguen superar ese miedo y te permiten acariciarlos o acercarte un poco más, cuando ves que las distancias se van acortando y que la confianza ya es mayor, es como decía aquella canción "casi una experiencia religiosa" para ambas partes.

No os voy a engañar, no creo que todo el mundo sea apto para ser casa de acogida y eso no es ni bueno, ni malo...simplemente de la misma forma que no todos somos aptos para jugar al fútbol, no todo el mundo lo es para tener a un animal en su casa y menos un animal con ciertos problemas que necesitará tiempo. No podemos acoger a un animal para cubrir nuestras carencias afectivas y pretender que ese ser que ha estado maltratado, abandonado...actúe cómo nosotros queremos y cómo nosotros necesitamos. Ser casa de acogida es dejar el ego a un lado y tener mucha, mucha paciencia y amor para dar....porque si la casa de acogida no es la adecuada, el animal será quién sufra un nuevo cambio y tendrá que empezar de nuevo a confiar en una nueva familia. 

Uno de nuestros acogidos Born (ahora Paul) se pasó quince días encima de un mueble bajando solo por las noches o cuando se sentía "seguro". Fueron quince días de hablarle desde abajo, con calma, de saber que a pesar de la "distancia" él estaba bien y que con la ayuda del tratamiento floral estaba realizando su propia adaptación. No fue fácil, pero la prisa en este caso, no era buena consejera...si nosotros hubiéramos querido forzar la situación, creo que Paul hubiera dado un paso hacia atrás de gigante.




Os preguntaréis porque digo todo esto...pues bien, lo hago porque existe en muchas personas el "síndrome del salvador" y deciden hacer de casa de acogida porque es muy bonito y muy  utópico, pero que en cuanto surge el primer problema, deciden volver a dejar al animal en la prote con las más diversas excusas y quién lo paga como siempre, es el animal, que de nuevo se encuentra con un nuevo cambio y teniendo que gestionar situaciones nuevas.

Sed casa de acogida, sí, es una experiencia reconfortante y maravillosa, pero también dura y dolorosa en algunas ocasiones. Valorad bien los pros y los contras y con la mano en el corazón preguntaros si realmente os veis capaces de serlo...y a las protes, por favor, valorar bien con quién va vuestro animal, se que son muchos los casos urgentes y que las casas de acogidas son imprescindibles, pero a veces esperar un poco es un gran avance.


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